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Los alebrijes son una artesanía mexicana mundialmente reconocida por combinar elementos de varios animales, reales o imaginarios. Su creador fue el maestro Pedro Linares, quien en 1936, mientras estaba inconsciente por una enfermedad, soñó con criaturas coloridas y entremezcladas que se llamaban a sí mismas alebrijes.
Al despertar, Pedro Linares plasmó sus visiones, dando origen a estas fantásticas obras de arte. Su impacto fue tal que Diego Rivera y Frida Kahlo comenzaron a encargarle alebrijes. La fama de estas artesanías creció aún más cuando la cineasta Judith Bronowski dio a conocer la historia de los alebrijes a nivel mundial a través de un documental en 1975.
Los alebrijes se realizan utilizando la técnica de la cartonería, que consiste en modelar papel (periódico y cartón) sobre una estructura de alambre o carrizo. Una vez secada la base, se añaden elementos como ojos, bigotes, alas y garras, se cubre con pintura blanca y finalmente se decora con colores vivos, puntos y líneas. Cada alebrije es único ya que no se utilizan moldes.
En Oaxaca, son famosos los alebrijes tallados en madera de copal, que combinan las tradiciones locales con las de Pedro Linares, a menudo utilizando pigmentos naturales. Comunidades como San Antonio Arrazola y San Martín Tilcajete son conocidas por sus artesanos de alebrijes. Popularmente, se cree que regalar un alebrije ayuda a espantar los malos espíritus y son considerados un símbolo de buena suerte.
Desde el año 2007, el Museo de Arte Popular organiza el Desfile de Alebrijes Monumentales, conocido como la Noche de los Alebrijes. Este evento, apoyado por el gobierno de la Ciudad de México y otras instituciones, busca promocionar el trabajo de los artesanos modernos. La creación de alebrijes se ha extendido por todo México y muchas piezas son exportadas a nivel mundial, destacando la importancia del trabajo artesanal mexicano.