Summary
Highlights
La pastora introduce el tema central: Moisés murió sin alcanzar la tierra prometida debido a su desobediencia, golpeando la roca en lugar de hablarle. En la iglesia, muchos mueren sin recibir las promesas de Dios por falta de un comportamiento adecuado.
Cada uno debe pelear por su propio territorio y herencia. Si uno pelea, sus hijos aprenderán a hacerlo, protegiendo el territorio que Dios ha entregado. Hay lugares, negocios y sanidades que ya pertenecen a cada persona.
La pastora lee Deuteronomio 6:5-9 y 20-25, enfatizando la importancia de amar a Dios y enseñar a las generaciones futuras sobre Su poder y promesas. El enemigo roba la herencia, pero un encuentro personal con Dios y una palabra profética son clave.
Hay que luchar por uno mismo, la nación, los jóvenes y los niños. Es crucial contar de generación en generación lo que Dios ha hecho. Gigantes generacionales deben ser desterrados; cada uno debe pelear su propia batalla.
Dios quiere que se hablen de los milagros y maravillas, como matrimonios restaurados. Hay cosas que solo Cristo puede hacer. La iglesia debe entrar en un tiempo de fe para derribar gigantes, si no las futuras generaciones tendrán que luchar con ellos.
Dios promete ciudades, casas y bendiciones que uno no edificó, pero advierte no olvidarse de quién las proveyó. Los mejores territorios y trabajos son para uno y sus generaciones. El problema es cuando otros los poseen ya.
En Números 13, los espías enviados a la tierra prometida regresan con temor debido a los gigantes, los hijos de Anac. Solo dos tienen revelación, los otros diez infunden temor. El enemigo levanta gigantes para impedir la posesión.
Se necesita un comportamiento adecuado para recibir las promesas. Dios advierte no olvidarse de Él al recibir las bendiciones. Aunque el enemigo trabaje, Dios quiere que trabajemos para él. No importa el tamaño de los gigantes, uno debe poseer la tierra prometida.
De generación en generación, es crucial mantener la victoria y enseñar a los descendientes lo que Dios ha hecho. Si la tierra es de gigantes, todo es espacioso y extraordinario, pero el problema es la mentalidad y la fe. Abraham cargó la promesa, a diferencia de muchos que mueren sin experimentarla.
Génesis 6 explica cómo la mezcla del diseño de Dios con lo caído de Satanás levantó gigantes. Los ángeles caídos se unieron a mujeres, creando una raza de gigantes. Mezclar lo santo con lo profano resulta en gigantes.
El llamado a la alineación es vital porque si los gigantes no caen, no se toma lo debido. Dios previene de levantar gigantes para recibir Su bendición.. La iglesia debe tener coraje para tomar la palabra y las estrategias.
Hay que derribar gigantes de carácter que impiden tomar el control de las buenas promesas. Una generación antes levanta gigantes que serán con los que la siguiente generación deberá pelear por su herencia.
Caleb, de la tribu de Judá, es alabanza/adoración. Lideró la conquista de la tierra prometida tras regresar de explorar. En lugar de ver los gigantes, tenia la convicción de que los vencerán. Debemos aprender a pelear las batallas.
Caleb pide a Josué el territorio con ciudades fortificadas. A pesar de ser anciano, confía en su fuerza para conquistar y poseer. Caleb hereda un lugar que se llamaba Kiriad Arba que significa 'Lugar de los cuatro gigantes' a 'Hebrón' que significa 'Amistad'.
El secreto de Caleb está en su determinación de seguir El Señor. A tierras difíciles, situaciones difíciles en vez de rendirse. Para que los gigantes caigan debemos rendirnos a Cristo y tener su amistad.
Se explica el significado de los nombres de los gigantes Aiman, Cesai y Talmai. Anac significa el padre de los gigantes. Todos estos gigantes deben ser identificados para tomar posesión. El legado de pelear la buena batalla.