Summary
Highlights
Adriana Amado se declara "totalmente a favor" de los memes, considerándolos la quintaesencia de la cultura participativa actual. Destaca su espontaneidad, anonimato y su función como termómetro de la sociedad. Argumenta que el siglo XXI marca el fin del monopolio de la comunicación que tuvieron periodistas y comunicadores en el siglo XX, dando paso a una cultura más participativa y diversa.
Amado explica por qué nunca se sumó a la campaña contra las fake news, señalando que esta acusación se utilizó políticamente para perseguir a quienes se oponían a una narrativa. Critica a los verificadores de contenido, también conocidos como fact-checkers, que consideraron una salvación pero que ahora están en declive. Explica que la falta de fiabilidad de los datos públicos en países como Argentina y las limitaciones operativas de los verificadores, además de la irrupción de la inteligencia artificial, llevaron a su obsolescencia.
La experta describe cómo el periodismo ha mantenido una actitud de "megáfono", esperando que la audiencia los escuche, ignorando las nuevas formas de comunicación. Señala que esta actitud ha contribuido a una crisis de confianza que no solo afecta a los periodistas, sino también a políticos y académicos. Destaca que la confianza se ha desplazado de la autoridad a la proximidad, valorando más la opinión de colegas o personas cercanas.
Amado desafía la idea de las "cámaras de eco", argumentando que la gente no es tonta y tiene sus propias explicaciones. Critica la noción de que solo hay una manera de ver la realidad. Atribuye la polarización a la imposición de una visión totalitaria del mundo, donde quien no se alinea es considerado un enemigo. Relaciona estos cambios con una transformación filosófica del paradigma moderno, que desafía las estructuras del siglo XIX.
Adriana Amado se define como una "optimista catastrófica", viendo con fascinación y entusiasmo los cambios sociales. Destaca el papel de los movimientos feministas en la consecución de mayores libertades y derechos para las mujeres. A su juicio, los sistemas se renuevan sin pedir permiso, y las nuevas dinámicas sociales, como las familias ensambladas, demuestran la capacidad de adaptación de la sociedad.
Amado cuestiona el "pánico moral" sobre el tiempo de uso del celular, argumentando que el móvil es una herramienta multifuncional para contactos institucionales, comerciales y afectivos, a diferencia de la televisión. También aborda el poco debate sobre el tiempo que la gente dedica a la búsqueda de pornografía, señalando la preocupación selectiva de los medios tradicionales hacia ciertas actividades online.
Amado califica las acusaciones de "tecnofeudalismo" como fake news y subraya el fracaso de la administración de Elon Musk en Twitter, una plataforma que nunca logró un crecimiento significativo. Resalta el sesgo de muchos críticos de las redes sociales, quienes se enfocan en Twitter, una plataforma marginal en comparación con otras. Finalmente, Adriana Amado aborda el impacto de la inteligencia artificial, viéndola como una herramienta que nos obligará a replantear nuestra función como profesionales del periodismo, enfocándonos en la creatividad y la capacidad de cuestionar.