Summary
Highlights
Leviathan es el dios del universo Hellraiser, que representa la carne, el hambre y el deseo. Gobierna el laberinto, una versión del infierno, y está obsesionado con el orden y la geometría, detestando el caos de la vida. Manipula a la humanidad a través de sueños y visiones, guiándolos para imponer orden y transformar la Tierra en un espejo del infierno. Leviathan puede otorgar deseos a través de la caja del rompecabezas, pero estos deseos siempre tienen consecuencias horribles que resultan en tortura eterna por parte de sus agentes, los Cenobitas.
La Mano de Dios de Berserk es un grupo de cinco entidades demoníacas similares a los Cenobitas, invocadas a través de un Beherit. Ofrecen a los humanos la oportunidad de convertirse en apóstoles sacrificando a sus seres queridos, o ser arrastrados al "vórtice de almas" si se niegan. Cada miembro encarna una corrupción diferente, y colectivamente representan la causalidad y la predeterminación, colapsando la moralidad humana.
En 'La Cabaña del Terror', unos dioses antiguos sin nombre requieren un ritual anual que imita una película de terror de clichés para evitar el fin del mundo. La humanidad debe sacrificar arquetipos específicos para complacerlos. Si el ritual falla, el mundo es destruido por la mano masiva de uno de los dioses, lo que implica que estos seres son inmensamente poderosos e indiferentes al sufrimiento humano.
Nyarlathotep, o el Caos Reptante, es un dios exterior del panteón de Lovecraft. Se distingue por su voluntad de interactuar con los humanos, apareciendo en forma de faraón y predicando mensajes que vuelven locos a sus oyentes. Su influencia distorsiona la realidad y la percepción, buscando activamente enloquecer a la humanidad, a diferencia de otras deidades de Lovecraft que suelen ser indiferentes a la existencia humana.
Azathoth es el dios más aterrador de Lovecraft, el "Dios Idiota Ciego" y el "Sultán Demoníaco". Es una masa sin mente y en constante cambio en el centro del universo, y toda la realidad existe solo porque él la sueña. Si Azathoth despertara, todo dejaría de existir. No tiene conciencia de la humanidad y es la fuente de otros dioses lovecraftianos, lo que lo convierte en una entidad de poder y amenaza incomprensible.