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La caída de las teorías de Tomás de Aquino en la Edad Media se atribuye principalmente a la condena de 1277 y a las pugnas de poder entre órdenes religiosas, como la franciscana (a la que pertenecía Duns Escoto) y la dominica (a la que pertenecía Tomás de Aquino). Los nominalistas promovieron la idea de un Dios cuya voluntad era inescrutable y superior a la razón. Se explica cómo España fue uno de los últimos países en adoptar el nominalismo. Se concluye que, desde el siglo XIV hasta hoy, la mayoría de las filosofías y teorías económicas priorizan la potencia sobre el acto, como se ve en el capitalismo, donde el beneficio y el poder son lo principal, sin una base racional o ética inquebrantable.
El expositor introduce su campo de investigación, la Edad Media, resaltando que la visión negativa que se tiene de esta época es un mito y que fue una era de gran luminosidad en muchos aspectos. Presenta a Tomás de Aquino como la cumbre de la filosofía medieval, cuya obra nos permite entender mejor el mundo actual. Se ofrecen detalles biográficos de Tomás de Aquino, incluyendo su nacimiento en Roca Seca, Italia, su educación en la abadía de Montecasino y su decisión de unirse a los dominicos, en contra de los deseos de su familia. Se menciona su prolífica escritura y su muerte en Fosanova, siendo sepultado en la iglesia de los jacobinos de Toulouse.
Tomás de Aquino, siguiendo a Aristóteles, basa su metafísica en la distinción entre 'acto' y 'potencia'. El acto es la perfección actual de un ser, mientras que la potencia es la capacidad de llegar a ser algo. Se ejemplifica con un niño que es humano en acto y matemático en potencia, a diferencia de un perro. Se enfatiza que el acto es superior a la potencia y que Dios es el 'Puro Acto de Ser', carente de cualquier potencia o imperfección. Esta concepción de Dios, aunque desarrollada por Aristóteles, se vincula con la tradición bíblica del 'Yo soy'.
El Dios aristotélico es un Dios 'ensimismado', que se contempla a sí mismo y no se preocupa por los mortales, por lo que la amistad entre Dios y el hombre es imposible. Tomás de Aquino, sin embargo, corrige esta visión desde una perspectiva cristiana, argumentando que el amor de Dios es tan grande que se hizo hombre, permitiendo así la amistad con la humanidad. Se destaca que, si bien Aristóteles valora el intelecto, carece de un concepto de voluntad divina, lo que es fundamental para el entendimiento cristiano del amor y la voluntad de Dios.
Solo tres años después de la muerte de Tomás de Aquino, en 1277, el obispo de París, Esteban Tempier, condenó 219 tesis aristotélicas, lo que llevó a la caída en desgracia de Tomás de Aquino en las universidades. Esta condena fue extendida por el obispo de Oxford, Kilwardby. Esto marcó un cambio radical en la filosofía, dando paso a las ideas de Juan Duns Escoto, quien prioriza la potencia sobre el acto y la voluntad sobre el intelecto. Con Escoto, Dios es definido principalmente por su poder y su voluntad, lo que abre la posibilidad de que Dios pueda hacer el mal o condenar a quien quiera, sin una razón aparente.
La filosofía de Duns Escoto y los nominalistas del siglo XIV, al priorizar la potencia y la voluntad divina, sentaron las bases para ideas como la de Lutero, quien creía que Dios salva a quien quiere por pura voluntad. Esto llevó a una separación radical entre razón y fe. El ponente argumenta que esta prioridad de la potencia sobre el acto permea la modernidad y la posmodernidad, manifestándose en conceptos como el empoderamiento (feminismo y transhumanismo) sin una base racional sólida, y en la concepción actual de la democracia liberal, que equipara la voluntad de la mayoría con el bien, incluso si es irracional.
El ponente concluye que muchas de las ideas y frases que usamos hoy, incluso sin saberlo, provienen de estos debates filosóficos de la Edad Media. Subraya que la modernidad, con su énfasis en la voluntad y la potencia, se gestó en el siglo XIV. La diferencia entre un monarca absoluto tirano y la democracia liberal actual radica en el sujeto que detenta el poder, no en el modo de ejercerlo. Ambas, si no se basan en la razón y el bien objetivo, pueden derivar en formas de tiranía o demagogia. La presentación finaliza enfatizando la complejidad y riqueza del pensamiento medieval y la necesidad de entender sus raíces para comprender el presente.
Se retoma la clasificación aristotélica de los regímenes políticos (monarquía, aristocracia, politeia) en contraste con sus formas degeneradas (tiranía, oligarquía, demagogia). Se argumenta que un monarca absoluto no es un monarca, sino un tirano. Se critica la idea de que la democracia liberal es la única opción, señalando que Aristóteles llamaría demagogia a la democracia contemporánea, ya que pone la voluntad del pueblo por encima de la razón y el bien objetivo. Se enfatiza la objetividad y subjetividad del bien según Aristóteles, donde el bien es aquello a lo que todas las cosas tienden y se particulariza en cada individuo.
Se aborda la relación entre el poder eclesiástico y civil en la filosofía aristotélico-tomista. Tomás de Aquino defendía la distinción, no la separación, entre ambas potestades, que debían colaborar hacia un mismo fin cristiano y el bien común. Se critica la idea de la teocracia medieval como una confusión, argumentando que Tomás de Aquino buscaba una autonomía relativa de cada poder. Se concluye que la imagen que tenemos de la Edad Media no siempre se corresponde con la realidad, y que los pensadores medievales discutieron temas complejos como la democracia y el tiranicidio con una profundidad sorprendente.